Las palabras sanas son aquellas palabras que trasmiten buenas sensaciones: plácidas, buenas energías y vibras. Mientras que algunos mensajes emitidos son temerosos, con un fuerte nivel de crueldad y morbosidad que asustan a cualquiera, existen también las buenas palabras.
Buenas palabras es un relato que trata del bienestar general que obtenemos, o del que carecemos, en la actividad recíproca de emisiones de mensajes, y cómo la construcción de la realidad hoy pasa por la escritura a través de la mensajería instantánea, y el impacto que tiene en nosotros estar hipercomunicados, más aún cuando antes no existían estos niveles de conectividad.
Por lo tanto, la palabra escrita ha tomado un nuevo rol, como agente comunicativo, nunca antes visto en la historia.
La simultaneidad escrita, nos lleva al intercambio de pensamientos que la gente vuelca, en WhatsApp sin límites, mostrándonos nubes de abstracciones plasmadas en letras. Pero ¿cuál es el efecto de esta exposición permanente en las nuevas tecnologías? ¿Se encuentra el cuerpo humano preparado para encarar diez conversaciones simultáneas, o está siendo profanado?
Encontrar la paz integral en la constante exposición a la virtualidad, como búsqueda permanente de las novedades, es una tarea muy complicada. Es una limitación cotidiana que debemos de llevar adelante, absteniéndonos de participar en vorágines comunicativas que solo exacerban nuestra ansiedad.
Es menester de cada uno seleccionar, con mucho cuidado, cuál elección de libro a leer, de que conversaciones deseamos participar.
En este momento escribo mi relato en la plataforma de color verde, pues se ha vuelto la forma más rápida de plasmar mis pensamientos, pocas veces escuchados por gente a la que no le agradan los constantes cuestionamientos a la realidad, a las situaciones, a las verdades y las interpelaciones.
El mundo ha arribado a un nivel de velocidad pocas veces antes visto ni imaginado, añoro el pasado y las largas caminatas para llegar a la escuela. Ahora es todo velocidad y adecuación situacional a múltiples actividades que los padres aprueban para sus hijos.
Añoro la lentitud del juego y la recreación libre en la naturaleza a la que indefectiblemente estábamos destinados.
Cuánto falta para arribar a ese punto, por qué no puedo alcanzarlo, por qué estoy inmersa en un mundo de responsabilidades, horarios estrictos, y de trabajo concentrado. No sería más simple retomar nuestras prácticas en libertad, y sustraernos de la sujeción de métricas y horarios.
Añoro tanto la libertad y la tranquilidad, ya no sé dónde encontrarla, pues hasta la palabra libertad por estos lados ha perdido su esencia y se transformado en guerra.
El valor de la palabra, es grandioso. Lo que se comunica indebidamente nos acongoja, altera nuestra existencia, nuestras sensaciones y emociones. La crudeza con que a veces es utilizada la palabra escrita puede desequilibrarnos, puede amenazar nuestro bienestar.
Por eso pido compasión con los lectores, llenémoslos de mensajes sanos, repletos de buenas intenciones, flores blancas, llenémoslos de amaneceres y atardeceres, de caminatas al aire libre.
El relato es esencial para el bienestar, querer estar sano es fundamental, cómo rodearnos de paz en sociedades donde prima la violencia sin límites en todas sus dimensiones, seguramente en la lucha por la subsistencia, pero violencia al fin.
Clamo para nuestros lectores palabras llenas de paz y respeto.
Clamo para nuestros lectores que encuentren, él y ella el refugio anhelado, el lugar donde reina el silencio, el sonido del viento, la iluminación del sol en una tarde de invierno y porque no también en el alba del verano, pido que se iluminen nuestras acciones y se llenen de la gracia que nos confiere ser seres humanos.