Este no es un artículo de motivación regular o positividad tóxica, es un empujón en la espalda para que espabiles si estás hundido en la mediocridad.

En el mundo existen tres tipos de personas:

  • Persona número uno: Las que arriesgan y saltan a la piscina sin saber con certeza qué tan profundo está ahí debajo.

  • Persona número dos: Las persona tibias, que son “ni sí, ni no”, son dubitativas.

  • Persona número tres: Son las que definitivamente no van, no se animan, no lo intentan, no saltan.

Entre estas personas pueden haber muchas características y cualidades que las hagan diferentes, pero hay algo que las tres comparten: el miedo. Entonces, ¿la persona que salta a la piscina también tiene miedo? La respuesta es un rotundo “¡Por supuesto!”. La diferencia está en el manejo que tienen sobre esta incómoda emoción.

Lamento decirte que en este artículo no voy a dirigirme a las personas número dos ni número tres, voy a hablar de las número uno. Así que, si buscabas motivación porque no eres de ese grupo pero quisieras serlo, lamento decepcionarte; sin embargo, quédate leyendo porque quizás (y ojalá que sí) encuentres en estas líneas lo que estás buscando.

Ya lo he dicho en mi primer texto, tengo 28 años y aunque parezca irrelevante, este es un dato importante considerando la generación a la que pertenezco, los famosísimos millennials: una generación compleja, abstracta y que, para mí, están dentro del grupo “ni sí, ni no”. Somos un grupo de individuos que debido a la tecnología queremos todo muy rápido, pero no solo rápido sino fácil y aquí está el punto de quiebre: pocas cosas en la vida son fáciles y las personas número uno, lo han asimilado, pero no han hecho suya esta afirmación.

Ellos, por el contrario, son personas que tienen metas claras y son conscientes de que no siempre serán sencillas de alcanzar. Saben que algunas tomarán años, otras meses, semanas, días, horas, pero sin importar el tiempo ellos siguen caminando. Dan pasos cortos, pero claros. Se sumergen con miedo, pero lo intentan. No tienen el conocimiento necesario, pero se preparan. No tienen claridad, pero hacen preguntas. Les faltan las herramientas, pero las inventan.

Leí un libro el año pasado que se llama Nadie me puede lastimar de David Goggins y es un balde de agua fría para quienes a veces (o siempre) queremos sentarnos a esperar que las cosas pasen por sí solas o para quienes creen que por el mínimo esfuerzo que hacen ya merecen las estrellas. Este autor, ex Marine de Estados Unidos, es asombroso y es impactante leer cómo logró superar las batallas duras que la vida le lanzó en su niñez, adolescencia y adultez. Y, ¿cómo lo hizo? Se posicionó en el grupo de personas número uno. David, no tuvo miedo a su oscuridad sino la vio de frente e hizo magia con ella, él lo intentó una y otra vez, sin parar, sin rendirse, sin mirar al lado, sin victimizarse.

Las personas de mi generación son una historia distinta. No podría decir que todos, pero creo que la mayoría no hace lo suficiente para llegar a las estrellas. Al primer obstáculo, caen y dejan de intentarlo. Cuando eso pasa, cuando dejas de intentar algo, quisiera que te hagas la siguiente pregunta: ¿realmente lo querías? ¿Realmente lo deseas con todo el corazón? ¿Realmente es tu sueño? Si las respuestas son positivas, entonces por respeto a ti mismo y a tu vida te recomiendo que sigas intentando una y otra vez, sin parar. Pero, si tus respuestas son negativas entonces sé sincero contigo y fíjate si eso que empezaste a hacer es sueño de alguien más o si lo iniciaste porque querías pertenecer a algún lugar o si alguien te estaba presionando y tú no querías. Haz un escaneo y sé honesto, lo mereces.

Cuando seguimos los pasos de alguien más y no somos fieles a nuestras huellas, el camino en algún momento, tarde o temprano (esperemos que sea temprano) se volverá oscuro y lo peor de todo es que te sentirás mal contigo mismo, te echarás la culpa y te dirás que no eres suficiente, pero estás equivocado, solo elegiste un camino que no era el tuyo. Así que primero que nada, empieza a conocerte y revisar cuáles son las cosas que encienden tu alma: quizás te encanta pintar y nunca te has atrevido a comprar esas acuarelas, quizás amas escribir y no has ampliado tu vocabulario, quizás quieres que te contraten en una gran empresa, pero prefieres no enviar ese correo.

Una vez que tengas estos fuegos del corazón definidos elige alguno y traza el camino para llegar a él. Vuélvete un profesional, sé un apasionado, enciende tu ambición, elimina tu mediocridad e intenta todas las veces posibles. Toca todas las puertas y sin son las equivocadas, no te preocupes, alguna guardará la esperanza que necesitas, pero eso solo depende de una cosa: que quieras ser la persona número uno que describí al inicio de este artículo. Tú mereces estar dentro de la lista de ese tipo de personas y no lo contrario. Nunca lo olvides.