Toda Revolución es cambio, y todo cambio revolucionario es Revolución. ¿Cuánto tiempo puede durar un cambio genuinamente revolucionario? ¿Días, meses, años?
Una vez más, Cuba vuelve a estar en el debate ideológico y político internacional.
Frente a ella, a lo que significa hoy, en buena parte se definen y actualizan las posiciones de izquierdas y derechas mundiales. Mientras tanto, el acoso exterior continúa. Y, a pesar de todo, el temple y el carácter alegre y festivo de los cubanos, nunca se acaban.
Cuba, con 10 millones de habitantes, y el 75 por ciento en zonas urbanas, tiene solo un 24 por ciento de tierras cultivables.
Con más del 60 por ciento de producción de azúcar y minerales, terminó con el analfabetismo, mantiene altas tasas de educación superior y cuenta con el mejor sistema de salud latinoamericano.
Pero los índices de pobreza siguen siendo elevados.
Toda resistencia tiene un límite. Cambio o continuidad es la disyuntiva, pero cuando las condiciones de vida de las grandes mayorías se precarizan en extremo, (como fue el caso por la pandemia del Covid-19) no es de extrañar que la gente busque salidas que no excluyen la protesta y la explosión social.
¿Qué tan espontánea o provocada fue la protesta del 11 de julio del 2021 que hemos visto resurgir en Cuba, y que tan extensa y profunda puede llegar a ser? No lo podemos saber todavía.
Lo que resulta innegable es la coincidencia o la coordinación desde dentro y desde fuera de la Isla de iniciativas, acciones y manifestaciones callejeras en contra del Gobierno: actividades simultáneas, no solo antigubernamentales sino clara y abiertamente contrarevolucionarias.
El acompañamiento mediático internacional da claramente cuenta de ello. Todo indica que estaríamos ante nuevas campañas desestabilizadoras organizadas y orquestadas desde los EUA que, desde luego, podrían ser relanzadas con la nueva era del trumpismo.
Hay, sin embargo, otras realidades y otras explicaciones.
Alguien ha dicho que las carencias y las insuficiencias generalizadas están bien repartidas en Cuba. Pero ¿cómo las viven después de tan largos años los propios cubanos?
Ante la incertidumbre de las nuevas embestidas contrarrevolucionarias anticubanas cabe preguntarse hasta dónde pretenden llevar sus acciones, en condiciones de agravadas crisis económica y alimentaria, los partidarios de la contrarrevolución cubana, y cuál es la capacidad de resistencia y renovación política de un régimen como el que encabeza Días Canel.
Soberanía efectiva y democracia revolucionaria, frente a las embestidas de las derechas proimperialistas, pareciera ser el camino para mejorar real y sustancialmente las condiciones de vida del pueblo cubano. Cuba resiste y avanza.
Hace poco tiempo, en el New York Times, se publicó un amplio artículo sobre Cuba de Peter Kornbluh y William M. LeoGrande (además coautores de Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de negociaciones secretas entre Washington y La Habana, FCE, 2015), artículo adaptado de uno previo en Foreign Policy, en el que los autores emprenden un amplio y bastante sesgado análisis de la relación entre los dos países. Al cabo de diez años de la apertura de Obama – dicen los autores – la euforia y el dinamismo económico que generó prácticamente han desaparecido. La economía cubana sigue en problemas, golpeada por la escasez de alimentos, medicinas, combustible y electricidad, que han creado una “funesta crisis humanitaria” para el pueblo.
Sin embargo, una muestra de los avances de Cuba en el ámbito industrial y energético es el proyecto ya iniciado de 55 parques fotovoltaicos que, con el respaldo de China, aportarán más de mil megavatios para disminuir los ya clásicos “apagones” que llegaban a ser de seis horas diarias, inclusive en La Habana, y que afectaban seriamente la marcha de la economía.
Con la resurrección de Donald Trump y su designación del extremista de derecha Marco Rubio como secretario de Estado, Cuba enfrenta un retorno a la era de la guerra fría, de intervencionismo en busca de un cambio de régimen.
Ya de regreso al Capitolio, el Presidente Trump, acaba de restablecer la fraudulenta designación de Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo”. No sorprende: “Su objetivo es seguir fortaleciendo la cruel guerra económica contra Cuba con fines de dominación”, se lee en el texto publicado por el gobierno cubano.
Una vez más Díaz-Canel culpó a Estados Unidos de la situación económica existente en Cuba y de la crisis migratoria: “El resultado de las medidas extremas de cerco económico impuestas por Trump ha sido provocar carencias en nuestro pueblo y un incremento significativo del flujo migratorio de Cuba hacia Estados Unidos. Este acto de burla y abuso confirma el descrédito de los listados y mecanismos unilaterales de coerción del gobierno de EE. UU”.
La revocación fue anunciada poco después de que Trump se convirtiera en el presidente número 47 de los Estados Unidos, con una orden ejecutiva que anuló la decisión tomada por Joe Biden el pasado 14 de enero de 2025.
Biden había retirado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo como parte de un acuerdo facilitado por la Iglesia Católica para liberar a prisioneros políticos en la Isla.
Con este movimiento, Trump retoma la línea dura de su primer mandato hacia Cuba, aumentando las presiones económicas y políticas sobre la isla.
Según la Casa Blanca, la revocación responde a los intereses estratégicos de la nueva administración, que considera que el gobierno cubano sigue representando un peligro al apoyar actividades terroristas internacionales.
¿Cuándo, dónde? Esta decisión, sin embargo, forma parte de la nueva política de línea dura hacia Cuba, que busca aumentar las presiones económicas y políticas sobre la Isla.
¿Cómo ha respondido el gobierno cubano a la decisión de Trump de reincorporar a Cuba en la lista de terrorismo?
El gobierno cubano, liderado por Miguel Díaz-Canel, ha criticado duramente la decisión de Trump, acusándolo de actuar con "arrogancia" y de fortalecer una "cruel guerra económica" contra Cuba.
Díaz-Canel culpa a Estados Unidos por la crisis económica y migratoria que vive la isla, afirmando que las sanciones han provocado nuevas carencias en su población.
No se puede anticipar lo que sucederá en la relación Cuba-Estados Unidos en la nueva era Trumpista, pero los vínculos que ligan a Cuba y Estados Unidos (de familia, comercio, cultura e intereses compartidos que resultan de vivir uno al lado del otro) vencerán con el tiempo la resistencia incluso de los políticos más recalcitrantes.
Mientras tanto, Cuba resiste y avanza.