Años después del “decepcionante y colosal fracaso” de la Cumbre Río+20, entre el 2019 y el 2022, el presidente Jair Bolsonaro permitió que intencionalmente se deforestaran cerca de 34,000 kilómetros cuadrados de selva amazónica para favorecer la explotación comercial del terreno, dedicarlo a la ganadería y la agricultura intensiva y promover la minería, aplicando políticas de gobierno tendientes a la reducción de la protección ambiental que favorecían abiertamente la comercialización y la explotación agrícola y empresarial.
Todo esto fue en detrimento de las tribus indígenas que habitaban las zonas devastadas y, ni que decir, de la devastación de la vida silvestre y la contaminación ambiental provocada.1
A la Cumbre Río+20 del 2012 le siguieron varias Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o COP2. La última y más importante fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 20233.
¿Por qué? Porque esa COP (más conocida como COP28 de Dubái, Emiratos Árabes Unidos), por primera vez en la historia, concluyó con varios resultados significativos:
Principio del fin de la era de los combustibles fósiles: Se acordó la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, sentando las bases para una transición justa y equitativa.
Objetivos de energía renovable y eficiencia energética: Se estableció la meta de triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar las mejoras en eficiencia energética para 2030.
Fondo para pérdidas y daños: Se creó un fondo con aportaciones iniciales de 700 millones de dólares para apoyar a las comunidades vulnerables.
Compromisos de empresas del sector energético: Varias empresas del sector del gas y petróleo se comprometieron a reducir sus emisiones de CO2 y metano.
Participación récord: La cumbre contó con una participación sin precedentes de países y grupos de la sociedad civil.
Y también, por primera vez, se tomaron medidas importantes para abordar la deforestación:
Legislación más estricta: Se acordó fortalecer las leyes que regulan la tala de árboles y proteger los bosques.
Áreas protegidas: Se establecieron nuevas reservas forestales y parques nacionales para conservar ecosistemas críticos.
Monitoreo y control: Se implementaron sistemas avanzados de monitoreo para detectar y prevenir actividades ilegales de tala y explotación forestal.
Restauración de ecosistemas: Se lanzaron iniciativas para restaurar áreas degradadas mediante la reforestación y la rehabilitación de suelos.
Participación comunitaria: Se promovió la participación de comunidades locales en la gestión y conservación de los bosques.
Esas medidas no solo buscaban proteger los bosques existentes, sino también restaurar los ecosistemas degradados y asegurar un enfoque sostenible y equitativo sobre el tema por parte de los países miembros en las futuras cumbres.
Muy tristemente debo decir que eso no se cumplió. La COP 29 celebrada en Bakú, Azerbaiyán, concluyó con resultados insuficientes. El principal acuerdo fue triplicar la financiación a los países en desarrollo, pasando de $100.000 millones anuales a $300.000 millones de dólares anuales para el año 2035, con el objetivo de proteger las vidas y medios de subsistencia de los habitantes de esos países.
¿Por qué digo insuficientes? Porque, actualmente, el cambio climático le cuesta al mundo cerca de $16 millones/hora, según dio a conocer un informa del Foro Económico Mundial en el 2023, y se espera que ese costo vaya en aumento, año tras año.
Teniendo en cuenta que 1 año tiene 8760 horas, para el año 2035 el cambio climático le habrá costado al mundo más de $1.681.920 millones, más de 5,6 veces lo propuesto en la COP 29.
Otro informe señala que el costo global de los daños causados por el cambio climático rondará entre los $1.7 y $3.1 trillones al año para el 2050. Estos daños incluirían la infraestructura, la propiedad pública y privada, la agricultura y la salud humana.
Para el 2025, la COP 30 será en Belém4 de Pará5, Brasil. Esperemos que, para esa ocasión, los países sí alcancen acuerdos suficientes. De lo contrario, estaremos sentenciando a la humanidad a nuestro propio antropoceno6.
No obstante, a partir de la COP 30, la humanidad (es decir, los representantes de los gobiernos que la representan, valga la redundancia) debería centrarse en reducir al máximo la contribución al cambio climático por la acción humana, con las causas ya mencionas: gases de efecto de invernadero, contaminación industrial y de productos de consumo como plásticos, deforestación y sobrexplotación de los recursos naturales.
¿Por qué? Porque, al igual que crecerá el costo global de los daños causados por el cambio climático, también crecerán, año a año, los efectos del cambio climático sobre el planeta.
Los eventos como huracanes y ciclones tropicales serán cada vez más fuertes y frecuentes. También las inundaciones y sequías, y el aumento de la temperatura se hará más drástico.
De hecho, las proyecciones de modelos climáticos7 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)8 concluyó que, durante el Siglo XXI, la temperatura superficial global subirá entre 0,3 °C y 1,7 °C para su escenario de emisiones más bajo9, a entre 2.6 °C y 4.8 °C para el mayor escenario.
Conclusiones que, desde que dio el Quinto Informe de Evaluación10 (AR5) en el año 2013 (informe en el que se basó la primera proyección de escenarios) no han sido disputadas por ninguna organización científica de prestigio nacional o internacional. Por el contrario, han sido respaldadas por las academias nacionales de ciencia de los principales países industrializados, usando modelos de mitigación.
¿Qué nos traerá todo eso a futuro? Los efectos anticipados del cambio climático a futuro proyectan aumento en las temperaturas globales, la subida del nivel del mar, un cambio drástico en los patrones de las precipitaciones y una expansión de los desiertos subtropicales.
Se espera, además, que el calentamiento sea mayor en la tierra, principalmente en las superficies cubiertas por concreto y en las ciudades. Y, en relación a los océanos, que el más acentuado se de en el Ártico, con un continuo retroceso de los glaciares, el permafrost y la banquisa.
Ya lo estamos viendo: fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes, olas de calor y frio, sequías, lluvias torrenciales, fuertes nevadas, acidificación del océano, extinción de especies animales y vegetales.
Para nosotros los humanos, se espera una clara y fuerte amenaza a la seguridad alimentaria global por la disminución del rendimiento de las cosechas, la pérdida de los hábitats naturales y la migración masiva.
Notas
1 Precisamente, en septiembre del 2019, escribí en este espacio un artículo relacionado al tema: Nos incumbe a todos: Lo que ocurrió en Amazonia no es cosa que solo le interese a Jair Bolsonaro. Y dos meses después: Un apunte sobre el cambio climático: Actividad humana y principio de equilibrio.
2 Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o COP.
3 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2023.
4 Belém, Brasil.
5 Pará, Brasil.
6 Antropoceno.
7 Modelo climático.
8 Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
9 Trayectorias de concentración representativas.
10 Quinto informe de evaluación del IPCC.